A mis lectores






Estimado/a lector/a:

Escribo desde que tengo uso de razón. Viajo con mi imaginación a lugares donde encuentro paz, sosiego y esperanza. Una vez que me sitúo en ese escenario las palabras van tomando forma de cuentos, frases, reflexiones y poesía. 

Mis publicaciones son:

Pan con vino y azúcar, una historia de crecimiento personal en la que la protagonista, limitada por sus creencias heredadas, busca vivir en paz trabajando su liberación emocional. Hace honor a las zonas rurales y a sus habitantes despertando la nostalgia por la sencillez.

Evolución, son breves reflexiones sencillas y poéticas que ofrecen al lector aire fresco dentro de situaciones que todavía permanecen ancladas en el pasado. Entre ellas: la relación con uno mismo, la culpa, el perdón o la relación  con el dinero, por nombrar algunas.

Durante el confinamiento de la pandemia por el Covid-19, escribí un manuscrito en género epistolar con temática de amor. En estos momentos está siguiendo sus pasos para salir a la luz.

En este blog, encontrarás todo lo relacionado con mis publicaciones. Espero que las disfrutes.


Un abrazo.

Cristina Romea



Foto en la Alhóndiga de Bilbao con Emy, una de mis lectoras. 
¡Agradecida de conoceros!



CONTACTO

Si quieres comentarme algo sobre mis creaciones envíame un correo. Intentaré responderte en cuanto me sea posible.


 cristinaromea.blog@gmail.com

Vídeo presentación Pan con vino y azúcar


Presentación en Bilbao de Pan con vino y azúcar.  ¿Te lo vas a perder? Sólo son cinco minutos.

Mejor, disfrútalo.


Visita mi página de Facebook


En mi página de Facebook comparto contenido relacionado con mi novela Pan con vino y azúcar.

Allí te espero para compartir e interactuar contigo.

Página de Facebook 

Muestra de reflexión incluida en Evolución


Es muy habitual encontrarnos con alguna persona y que esta nos pregunte por nuestro trabajo o por nuestros estudios. Rara vez respirará, nos mirará a los ojos y nos comentará sinceramente: “¡qué bien te veo!”
Si os encontráis con alguien así podéis deteneros y darle un abrazo sin reparos pues os estará  reconociendo por lo que sois, no por lo que hacéis.
En nuestra sociedad el reconocimiento está invertido. Nos valoramos por lo que hacemos, no por lo que somos. Desde este punto nacen las exigencias y las autoexigencias para ser reconocidos mediante un logro. A menudo, perseguimos el éxito dejando nuestro bienestar al margen sin ser conscientes de que el reconocimiento por lo que somos ya lo tenemos, sencillamente por existir.
Lo que hacemos es el medio por donde extendemos nuestra esencia. Sin nuestra labor, nuestro universo, el de cada uno, se queda en cenizas pues no puede extenderse y pierde su capacidad de crecimiento evolutivo.
Cuando el reconocimiento y el valor están orientados a nuestra naturaleza interna, la capacidad para crear y extendernos mediante una actividad surge con la motivación y esta a su vez encamina al éxito.
Cuando el valor se enfoca en los logros sin el reconocimiento interno, el éxito obtenido es efímero y carente de esencia.
La pregunta: “¿para qué estoy haciendo lo que estoy haciendo?” ayuda a obtener respuestas. Si esa respuesta está ligada a una búsqueda de reconocimiento, el proceso debe ser invertido pues el reconocimiento no está afuera, sino en uno mismo.


Cristina Romea
blog.cristina-romea.com

A nuestro/a niño/a interior

Foto pixabay: Kellepics

Ayer cuidé pero no de ti.

Perdida en el camino respiré sin aire.

Hoy te encuentro mal herida en mitad de un bosque sombrío.

Y te acuno desde el centro enviándote un latido.

Levanta la mirada, niña mía.

Recoge de la ombría los más valiosos frutos.

Dirígete a la pradera y entrégate a descubrir,

cuántas maravillas vienen a por ti.


...Y una sonrisa se dibujó en ella.


Cristina Romea

El Perdón



 

El Perdón no es sólo una palabra a pronunciar.
A lo largo de toda la historia ha habido guerras, asesinatos, terrorismo, dictaduras (a nivel individual y colectivo). A quienes nos tocó vivir el terrorismo de ETA nos estremece todavía recordar sus actos. Quienes vivieron la Guerra Civil Española por ambos bandos, también. La emoción dominante (rabia o rencor) exige (con razón) una justificación para mitigar ese dolor.
Ahora bien, en el momento en que el tiempo apacigua las aguas, es necesario mirar hacia delante para continuar construyendo. El pasado no se puede cambiar. El dolor continuará estando. Y lo sucedido jamás se podrá olvidar. La información no se borra, es necesario transformarla.
Perdonar no es pronunciar la palabra "perdón". Es un trabajo interno y llega desde una comprensión profunda de las circunstancias por parte de todos. Es un trabajo únicamente individual que beneficia al colectivo. Sembrar rencor o desconfianza continúa acercando más ese dolor al presente. Y desde ahí, la violencia (sea cual sea) continuará tomando su forma.

Pequeño mensaje de Amor

 


Si Ana Frank pudiera enviarnos un mensaje, tal vez lo haría de la siguiente manera:

“Bienvenidos a la casa de arriba, también llamada cielo.

En mi vida terrenal pasé dos  años y medio escondida con mi familia, por ser judía. Con la incertidumbre de que en cualquier momento podían dar una patada a la puerta y pegarnos un tiro a cada uno de nosotros.

Teníamos un inconveniente y es que a los judíos escondidos no se nos permitía tener acceso a un psicólogo a domicilio, por lo que utilicé mi Diario como diván terapéutico.

Ahora veo el mundo desde las alturas,  junto con aquellos que perecieron en el horror. Soy una luz que contempla vuestra vida terrenal desde la calma, pues la destrucción no es divina, sino humana. No puedo estremecerme. Sólo esperar desde aquí que la humanidad evolucione hacia el Amor.

Observo: los conflictos actuales y sus consecuencias; los desplazamientos humanitarios; la manipulación mental de aquellos que se creen más fuertes hacia quienes se creen más débiles; el hambre en los países más necesitados.  Contemplo, en general, la lucha por el poder en todos los rincones del planeta. Un error tremendo que parte de la inconsciencia de los humanos, pues el mayor poder que puede experimentar una persona se encuentra a través del Amor. El Amor tiene el poder de  hacer que te sientas gigante y ver a quienes te rodean semejantes a ti. Quien piense que el poder significa posesión material o territorial se posiciona en su propia destrucción convirtiéndose en la persona más ruin y necia del planeta. También contemplo la belleza del entorno natural que os protege y de todas aquellas personas que se mueven desde el corazón sin perder la esperanza de que se produzca un cambio hacia un mundo mejor.

La calma y el Amor que vivimos desde el cielo es la utopía anhelada en la Tierra.”

 

Presentación en Reznos (Soria)



La novela hace referencia al problema de la despoblación. En Reznos dimos voz a nuestros abuelos, quienes vivieron la reconstrucción de nuestro país tras la Guerra Civil.  Invitamos a que la memoria histórica y rural no caiga en el olvido. Fue un precioso encuentro.

Conoce Peñalcázar, el escenario de mi nueva novela


Mónica, nuestra protagonista de Pan con vino y azúcar, nos narra una visión poética y humanista sobre el pueblo de sus abuelos: Peñalcázar.


Aquí, desde este blog, os muestro  breves pinceladas de su  historia real mediante fotografías y datos que fui recogiendo para la creación de la novela.

Muela de la Peña. El pueblo está situado en la planicie a unos 1200 m de altitud


Murallas: entrada noroeste
 

Camino de acceso noroeste


Actualmente, Peñalcázar es un pueblo abandonado situado en lo alto de una peña rocosa.

Su situación estratégica,  cercana a la antigua zona de paso fronteriza que dividía Aragón con Castilla por la provincia de Calatayud y Soria, fue clave en su papel de fortaleza.

Fue ocupada por distintas civilizaciones: celtíberas, romanas, visigodas, musulmanas y cristianas. Actualmente, sólo se pueden apreciar las ruinas de épocas romanas, musulmanas y cristianas.

Su mayor esplendor fue durante el s.X, en época musulmana, formando parte de las plazas fuertes que controlaban el territorio del Duero.

Iglesia con torreón dedicada al Arcángel San Miguel S.XVI (Norte)


Vistas estratégicas: el Moncayo desde desde el norte


Ladera Sur. Murallas

Segundo acceso a la villa (Sur)

Al estar situada en lo alto de una peña, sus paredes formaban una muralla natural, salvo en aquellos lugares en los que la ladera caía quedando el acceso desprotegido. Es el caso del segundo acceso a la villa donde quedan restos de murallas de época musulmana y cristiana.

Al este, la ermita renacentista, hoy derruida.

La ermita renacentista fue, en época musulmana, una torre vigía que controlaba la entrada de la frontera y la Sierra de Deza. 

En algunas investigaciones quedan reflejadas que Peñalcázar fue conquistada por el Cid Campeador. En el Poema del Myo Cid es nombrada como Alcoçer y describe su presencia como un "otero, redondo, fuerte y grande". 

Su nombre Peñalcázar proviene de Alcoçer, que significa castillo. Cabe la probabilidad de que en Peñalcázar hubiera habido un castillo o fortaleza, hoy en día no localizado, que seguramente esté soterrado. En la novela Pan con vino y Azúcar, Mónica te acompañará, mediante un pequeño recorrido a que descubras donde puede encontrarse ese castillo o fortaleza.

Aljibe romano

Estas ramas que sobresalen por este agujero, pertenecen a un árbol que ha crecido dentro del antiguo aljibe.
Nevero romano

Antiguo caserío

Si visitáis alguna vez el yacimiento arqueológico de Numancia y observáis la reproducción de una casa celtíbera, no dista demasiado en tamaño y forma a las construidas en Peñalcázar. 


Como os he comentado su importancia hacía referencia a un lugar estratégico utilizado para proteger la frontera. Así, fue testigo de la Guerra de los dos Pedros en el s.XIV. De los enfrentamientos entre Navarra y Aragón en el s.XV. Y de la Guerra de Sucesión en el s.XVIII.
Una vez que las guerras finalizaron, su papel de fortaleza dejó de tener interés. Con el paso de los años se desvió el paso de la frontera hacia el valle del Manubles, actualmente entre Torrelapaja (provincia de Calatayud) y Ciria, (provincia de Soria). 

Mi abuela nació y creció allí. Los habitantes vivían de la ganadería y la agricultura soportando unas duras condiciones metereológicas en invierno y sin agua corriente. 

La despoblación llegó a Peñalcázar en 1976. Desgraciadamente, los saqueos comenzaron antes.
Hoy sólo quedan ruinas que sobrecogen al caminante que se adentra entre sus piedras derruidas.
He subido muchas veces a este lugar. He llevado a muchos amigos a recorrer sus calles. Ninguno de ellos desciende de La Peña igual que subió. 

No os desvelo más. Darle la mano a nuestra protagonista Mónica, en las páginas de Pan con vino y azúcar y ella os encaminará a descubrirla.

Un abrazo,

Cristina Romea





A mis lectores

Estimado/a lector/a: Escribo desde que tengo uso de razón. Viajo con mi imaginación a lugares donde encuentro paz, sosiego y esperanza. Una...