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Frase


Bajando el ritmo pude comprender,
que no pertenecemos a las luces de una tormenta
sino que formamos parte del resplandor
de la Aurora Boreal.

Cristina Romea

Maternidad



Tu llanto, sonido del alma.
Suavidad rozando mi pecho; calor en el silencio.
Sin ser mía naciste de mí.
Leche materna nutriendo a tu voz.
Latido Glorioso despertando al corazón.
Bebes de mí.
Bebo de ti.
Y en esa progresiva nutrición se alarga nuestra distancia.
Espacio para tus juegos…
Y yo, desde mi trono te observo.
¡Enigmática existencia!

Microrrelato: Julia



Inmóvil frente al espejo Julia sonreía.
El brillo de sus ojos destellaba entre sus pupilas azules.
Con una sutileza exquisita, levantó el brazo derecho acercando su delicada mano hacia la cabeza. Despacio  la deslizó por el cabello, deteniéndose a jugar con un tirabuzón.
Detuvo el gesto de inmediato cuando bajó su mirada hacia su pecho desnudo.
Abrió la boca a modo de asombro. ¡Cuánta belleza y juventud desprendía!

Despidiéndose de su cabello, rozó su ovalado rostro para pasar a detenerse en el hueco clavicular. Tecleando tímidos círculos  acarició su esternón, atreviéndose a posar la palma de la mano en el seno izquierdo. Un cosquilleo erizó la piel de todo su cuerpo.  
Mientras contenía la respiración, observando que no fuera observada, Julia se llevó la mano izquierda a su boca. Se acarició los labios:  ardientes, suaves y húmedos.
Abandonando el tacto de su pecho,  presionó su vientre: plano; terso; vibrante…

―¿Madre? ― La llamó dulcemente su hija.
Julia giró lentamente la cabeza para mirarla.
―¡Madre, se va a enfriar! ― Comentó mientras la tapaba con una toquilla.
Julia volvió a mirar al espejo. Elevando sus mejillas, alargó su brazo torpemente  para despedirse de aquella muchacha llena de sensualidad. Poderosa feminidad.
―Vamos madre. Tiene que soplar las velas. Hoy cumple ochenta y un años…


¿A qué tienes miedo?



¿Cuántos miedos existen?
Miedo a perder. Miedo a enamorarse. Miedo a emprender. Miedo a soltar. Miedo a morir. Miedo al fracaso...
La lista puede ser larga dependiendo de la situación de cada uno. Pero en sí, el miedo solo es uno. Las reacciones son exactamente igual en todos los casos.
Se manifiesta físicamente en la boca del estómago y se extiende por las ramificaciones nerviosas contaminando el cuerpo y paralizando la musculatura. Las emociones se bloquean y perdemos la capacidad de reacción y toma de decisiones. En definitiva perdemos nuestro poder ante él.
El miedo se puede paliar centrándonos en la respiración. De esta manera podremos escuchar esos mensajes sin que nos arrastren o arruinen el día.
Si realizáramos una caricatura sobre el miedo surgiría un niño encogido, pequeño y desgarbado con gesto de pánico. Así, lejos de querer aniquilarlo es conveniente observarlo con compasión. Darle la mano y escucharlo. Susurrarle que estamos con él y que nos vamos a encargar de ayudarle a confiar. En el momento en que comience a sentir nuestra presencia comenzará a confiar y nuestras situaciones a mejorar pues habremos recuperado nuestro poder.
Este artículo que expongo no parte de ninguna teoría psicológica. Parte de una experiencia vital con grandes resultados.

Culpabilidad



¿Quién no se ha visto envuelto en una situación donde la culpabilidad le ha quitado las fuerzas y ganas de continuar con algo?
La culpa es un sentimiento cuya única misión es la de destruir la paz interior. 
Cada persona es responsable de sus propias emociones. Lo que siente el uno no tiene por qué sentirlo el otro. En una discusión, por ejemplo de pareja, las palabras cargadas de culpa parecen tan veraces que el afectado podrá creer que debe esforzarse por mejorar o cambiar. Cuando el único cambio está en la percepción de la situación para la resolución del conflicto.
Si el conflicto no se palia aumentará hasta que la situación se rompa por sí misma.
En relaciones de pareja y gracias al apego, la culpabilidad se utiliza para mantener a la otra persona atrapada emocionalmente en esa relación. La toxicidad, entonces, toma el control de la situación.
Adquiriendo la propia responsabilidad la situación se supera y la relación continúa creciendo de otra manera:
“Sueño libremente y en ese soñar me comunico contigo.
Dame una bella palabra, aliento para sentir,
Y en el calor de mis sueños me podrás percibir.”

Influencias




La vida es única para cada persona.
Cada uno de nosotros, en su caminar, está guiado por una certeza que le empuja a realizar acciones para su propio desarrollo evolutivo quedando su función al servicio de la sociedad o crecimiento común.
Para conectar con esta certeza es importante que la autoestima, forjada en las primeras etapas de crecimiento, esté firme.
La carencia de amor interno es la causa que lleva a la dependencia emocional. La persona dependiente creerá antes a otra persona ligada a su entorno que a ella misma. Será entonces cuando se verá sometida a influencias externas encaminándola a un sueño profundo en su vida.
Quienes crezcan con la autoestima fuerte lograrán un autoconocimiento que les ayudará a alcanzar su integridad. Entonces, la certeza de cuál es su función en la sociedad se manifestará y su aportación será constructiva. Todo resultado constructivo ayuda al colectivo a tomar conciencia de los beneficios obtenidos entrando así en un círculo sano de retroalimentación.
Por lo tanto, influenciar y dejarse influenciar es un error que fabricamos en la mente pues la convivencia es siempre entre iguales.


Desapego




¿Recordáis vuestra infancia, vuestros juegos?
Jugábamos disfrutando del momento. Acordaos cuando venía algún adulto a cortarnos el juego; ¡cómo nos molestaba! Nosotros sentíamos cuándo era hora de dejar el juego y cuando comenzar otro sin ningún tipo de apego.

Llegamos a la etapa de adultos y esa capacidad innata la dejamos dormir. Nos educan enseñándonos a apegarnos a las situaciones, personas o materia. Somos árboles de hojas caducas. Todo cuanto confluye en las etapas de nuestras vidas se transforma. Y al igual que los árboles renuevan sus hojas, nuestras situaciones también se renuevan.

La vida se puede experimentar como pequeñas etapas evolutivas. Finaliza una… a por otra, soltando la anterior y entrando en la nueva desde la sabiduría adquirida. Como el juego de un niño. 

La resistencia al cambio es una trampa. La mente utiliza los recuerdos para que nos aferremos a lo que tuvimos pero que ya no está, alejándonos del presente. Cegándonos ante nuestra nueva vida y oportunidad de crecimiento.

El desapego aporta experiencias de libertad, apertura y seguridad pues en este mundo nada muere, sencillamente se transforma en función del estado de conciencia de cada uno.

Cristina Romea