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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Quietud


Bajando el ritmo pude comprender,
que no pertenecemos a las luces de una tormenta,
sino que formamos parte del resplandor
de la Aurora Boreal.

Cristina Romea

Blog registrado en Safe Creative.


domingo, 21 de agosto de 2016

El valor de nuestro trabajo. Reflexión

Dos veces han sido las ocasiones en las que he tenido un negocio.
No nací siendo empresaria, ni me formé en ello.
Aprendí. Me quedo con esto.

Uno de los errores más grandes que cometí fue el de ofrecer mis servicios a terceros.
Se habían puesto de moda empresas que ofrecían servicios, a bajo coste, a cambio de salir en un anuncio.

El resultado fue que mi agenda se llenó durante un mes. Recaudé lo justo para pagar los gastos fijos y los clientes que se beneficiaron, no fidelizaron.
Aprendí que este tipo de clientes son caza-ofertas.
Cada vez, está más extendida esta manera de consumir servicios de belleza, masajes, estancias y viajes. Cada vez son más los comerciantes que se agarran a esta nueva ola de búsqueda del servicio por oferta de precio.
Es un juego no constructivo ni para el comerciante ni para el cliente.
La calidad del servicio baja, obligatoriamente; bien en tiempo, en abaratamiento del producto o de la mano de obra.
Las imágenes de las ofertas, son tan suculentas, que atrapan al consumidor. Este compra por imagen y por precio, no por servicio.

Invito a la siguiente reflexión:

¿Compras por precio?: entonces contribuyes a la explotación de la mano de obra y a fomentar la baja calidad laboral.
¿Compras por servicio? Estás buscando encontrar lo que realmente necesitas. Ayudas a mover la economía, a ser atendido con calidad y a motivar la profesionalidad cuidando los detalles.

Normalmente, todos los establecimientos tienen ofertas en su página web.
Un cambio de actitud tan simple, como ponernos en contacto directo con los profesionales, ayudaría a dar valor profesional al servicio que se desea contratar.

Y yo, como comerciante, si volviera atrás, no lo volvería hacer. Desvaloricé mi tiempo y mi trabajo.

Son pequeños gestos que generan grandes movimientos.



miércoles, 17 de agosto de 2016

Julia

Julia
Inmóvil, frente al espejo, Julia sonreía.

El brillo de sus ojos destellaban, entre sus pupilas azules.
Con una sutileza exquisita, levantó su brazo derecho, acercando su delicada mano hacia su cabeza.
Despacio,  la deslizó por el cabello, deteniéndose a jugar con un tirabuzón.
Detuvo el gesto de inmediato cuando bajó su mirada hacia su pecho desnudo.
Abrió la boca a modo de asombro. ¡Cuánta belleza y juventud desprendía!
Despidiéndose de su cabello, rozó su ovalado rostro para pasar a detenerse en el hueco clavicular.
 Tecleando tímidos círculos  acarició su esternón, atreviéndose a posar la palma de la mano en el seno izquierdo. Un cosquilleo erizó la piel de todo su cuerpo.  
Mientras contenía la respiración, observando que no fuera observada, Julia se llevó la mano izquierda a su boca. Se acarició los labios;  ardientes, suaves y húmedos.
Abandonando el tacto de su pecho, presionó su vientre; plano, terso, vibrante…
_¿Madre?_ La llamó, dulcemente, su hija.
Julia giró lentamente la cabeza para mirarla.
_¡Madre, se va a enfriar!_ comentó mientras la tapaba con un albornoz.
Volvió a mirar al espejo. Elevando sus mejillas, alargó su brazo, torpemente,  para despedirse de aquella muchacha llena de sensualidad. Poderosa feminidad.

_Vamos madre. Tiene que soplar las velas. Hoy cumple ochenta y un años…

Cristina Romea Ramón

domingo, 14 de agosto de 2016

Una habitación luminosa.



Entre sábanas de algodón,
mi piel huele a lavanda.
Mi cabello húmedo roza la comisura de mis labios.
Un albornoz blanco cubre mi cuerpo desnudo.
Lectura poética en una habitación luminosa.
Alejada del pensamiento centro la atención en mi esternón.
Inspiro... Expiro...
Vuelvo a inspirar y suavemente comienzo su lectura.
Despacio, como en un susurro,
surge la música entre sus palabras.
Música que acaricia los sentidos,
eriza la piel,
alimenta el alma.
Palabras nacidas desde el amor,
notas creadas desde el dolor…
Un suspiro eleva mi pecho.
Mis manos desfallecen en el lecho,
y un leve temblor silencia mis labios.
Mi piel huele a lavanda.
Junto a mí, hay un hueco vacío
en una habitación luminosa.


Cristina Romea Ramón

jueves, 21 de julio de 2016

El poder de una mirada

Coge una décima de segundo. Paralízala en tu mente…
Ella se encontraba sentada en la sala de espera del aeropuerto, ojeando una revista de viajes, cuando, inesperadamente, él la interrumpió:
_Perdona, ¿puedes ayudarme?_ preguntó.
Él, se había situado frente a ella de cuclillas. 
Ella, levantó la cabeza topándose de lleno con su mirada.
En ese instante, su presencia penetró por sus pupilas, como un espectro volátil ansiando recorrer cada rincón de su interior.
Ella quiso articular palabra pero su boca no respondía.
Quiso alzar la mano para tocar su rostro pero sus dedos no se movían.
“No sé qué está ocurriendo aquí”, pensó lentamente.
Se sintió hipnotiza, hechizada. Perdió la noción del tiempo, del espacio, de todo cuanto le rodeaba, menos de él.
“No recuerdo cuando he llegado hasta aquí”, pensó él manteniendo su mirada a la de ella. Y, olvidando su motivo inicial, acercó su mano para unir suavemente sus dedos a los de ella.
Sus labios se encarnaron despertando el deseo de poseerla en ese mismo instante.
A la vez, sintió mucha paz. Una paz aterradora que le permitió retomar su movilidad rompiendo con el hechizo.
Retiró bruscamente el contacto con su mano. Y, con un fugaz movimiento, desapareció silenciosamente entre la multitud.
Sentada en aquel banco, con la mirada hacia el infinito, comenzó a sentir un intenso calor que partía de su vientre. Posó sus manos bajo su abdomen, sin obtener un resultado paliativo.
Sin oponerse, dejó que sucediera. El fuego la poseyó ocupando el trono del deseo carnal.    
La actividad en el aeropuerto, retomó su forma.
Sin atención, volvió a mirar su revista.
En su memoria, quedó grabada una nueva sensación, recogida en una décima de segundo.


Cristina Romea Ramón

viernes, 15 de julio de 2016

Mi abuela del alma



Alice, mi abuela del alma.
Cuando te marchaste, navegábamos por un oscuro río rodeadas por bancos de peces flotando, inertes. Escondida en mi camarote los observaba, temblorosa.
Entonces, mi imaginación acudía a tu sonrisa. A tus dedos enredándose en mi cabello. E intentaba sentir en mi interior la musicalidad de tu voz llamándome: “Anne”.  
Y... funcionaba. Tu esencia me llenaba de paz y mi cuerpo dejaba de temblar.
Ahora navego por otro río donde los peces coletean  alrededor. El agua está en calma conviviendo entre belleza y  turbulencias. Pero, ¿sabes? Las lágrimas que parten del corazón son poderosas esponjas que absorben la lluvia contaminada.
Me encanta este río. Y ahora, inesperadamente, apareces con la misma sonrisa. Como una hermosa luz que abraza a la humildad. Que perdura y sigue aumentando, como una errante estrella regresando a su origen.
Y tu paz… Sí, eres tú, Alice, mi abuela del alma.


Tu Anne