Paralelismos con la naturaleza.

 Respirar

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay 



Tumbada boca arriba en la arena de una playa, el  aire entra y sale por mis fosas nasales, produciendo un sonido semejante al oleaje del mar. En un segundo plano, las olas  crecen y rompen al mismo ritmo que mi abdomen asciende y desciende acompasado con la "respiración del mar".

Estancamiento o bloqueo

Imagen de José Manuel de Laá en Pixabay 

Un río estancado por maleza sugiere pesadez, densidad... Apenas crece vida alrededor. En nuestro interior, las prisas o las preocupaciones en exceso, son la maleza que impiden que nuestra energía vital fluya. Y, al igual que un río estancado, el crecimiento es escaso.

Crecer

Un río caudaloso sugiere: fuerza, poder, avanzar. Al igual que el aire cuando penetra en los pulmones, mediante la respiración natural (lenta y sosegada), crea crecimiento interno.

Sosiego

Imagen de Lichtmagnet en Pixabay 


Bosque nevado: transporta a sensaciones de quietud y silencio. Calma que activa el sosiego que parte del latido del corazón. La respiración en estos casos es profunda. Plena.

Escuchar

Cuando estés en la naturaleza, obsérvala / escúchala.  Ella hablará de ti.

Desde el olvido


Imagen de Selling en Pixabay


 

El alma desfallece

cuando vive apresuradamente.

Quietud obligada para renacer,

o morir en vida.

Postrada en la cama el tiempo se desvanece

y mi cuerpo dos funciones ejerce:

respirar, palpitar...

El reposo induce al sueño y el sueño al olvido.

Y el olvido encuentra su recuerdo en el latir del corazón.

Donde mis dedos, 

juegan con el aire.

Donde la risa,

vence a las tormentas.

Donde la lluvia,

humedece mi cabello.

Donde mis labios se encarnan con el sonido de tu voz.

Palpitando en la quietud,

renazco en vida,

desde el olvido.


Cristina Romea

Enigma


Imagen de ArtTower en Pixabay 


 

¿Siento? 

O... ¿creo que siento?

Si creo que siento vivo ensoñaciones.

Si dejo de creer que siento comienzo a sentir.

Dejar de luchar para iniciar un fluir.

Las creencias arraigadas son carceleras del cambio.

Compañeras del miedo interno que fomentan nuestro agravio.

A menudo, sin esperarlo, la vida nos regala algún enigma.

Situaciones que reaparecen, momentos para superar.

La clave está en el sentir que nos aporta libertad.

¿Siento?

 O... ¿creo que siento?


Cristina Romea

Una Habitación Luminosa

Imagen de LUM3N en Pixabay 


 

Entre sábanas de algodón

mi piel huele a lavanda.

Mi cabello húmedo

roza la comisura de mis labios.

Un albornoz blanco 

cubre mi cuerpo desnudo.

Lectura poética en una habitación luminosa.

Alejada del pensamiento 

centro la atención en mi esternón.

Inspiro. Espiro.

Vuelvo a inspirar y suavemente comienzo su lectura.

Despacio, como en un susurro,

surge la música entre sus palabras.

Música que acaricia los sentidos,

eriza la piel,

alimenta el alma.

Palabras nacidas desde el amor,

notas creadas desde el dolor…

Un suspiro eleva mi pecho.

Mis manos desfallecen en el lecho,

y un leve temblor silencia mis labios.

Mi piel huele a lavanda.

Junto a mí,

hay un hueco vacío

en una habitación luminosa.


Soltar Amarras


Imagen de Enrique Meseguer en Pixabay 


 

Todo inicio tiene un final. Despedirnos con una sonrisa depende de nosotros.

La Isla

Barco lanzó sus amarras en su fina arena blanca. Fue entonces cuando, en aquella isla, comenzaron a crecer palmeras con ramas en forma de espiral que se alargaban hasta alcanzar el mar.

Junto a la orilla, surgió una diminuta roca esponjosa. Los animalillos del mar, jugaban encima de ella dando pequeños saltos. Con cada salto, surgía una carcajada y con cada carcajada, roca se hacía cada vez más grande. De esta manera, podía alcanzar las copas de las palmeras para que así, los animalillos, se deslizaran por las espirales hasta llegar de nuevo al mar.

En el cielo se divisaban luces mágicas que cambiaban según la intensidad de la risa y de los juegos que allí se creaban.

La Tormenta

Pasó el tiempo, y un día, una enorme tormenta comenzó a destrozar todo lo que había en la isla. El mar  inundó parte de ella llevándose a algún lugar del océano los juegos, las risas y con ellos, los colores mágicos del cielo.

Barco se quedó amarrado en un diminuto trozo de arena.  Deseaba zarpar, pero sus amarras tenían enormes nudos que estaban bien anclados a la isla. Si no zarpaba pronto, sería arrastrado por la marea a lugares donde no deseaba ir.

La única ayuda que podía tener era por parte de unos seres míticos con poderes destructivos, pero capaces de desatar esos nudos. Barco debía invocarlos, era la única esperanza que le quedaba para comenzar a navegar de nuevo.

Los Seres Míticos

El primero en aparecer fue No-No, un hombrecillo de cuerpo diminuto vestido con traje gris. Negaba rotundamente desatar ningún nudo.

Ambos comenzaron a enfrentarse. No-No apuntó con sus manos a barco provocando una fuerza huracanada que le hizo girar y girar sobre sí mismo. El cielo se volvió gris y una lluvia intensa lo empapó de popa a proa.

Poco a poco, como en una nana, barco volvió a tierra. De la arena surgió una gran llamarada que arrulló a No-No  alejándolo hacia el horizonte. Se había desatado un primer nudo y en el cielo apareció un único arco de color verde suave.

Una levísima brisa comenzó a soplar…

Barco intentó zarpar, pero todavía le quedaban pesados nudos por desatar. Entonces apareció Ira, una preciosa sirena de mirada penetrante que escondía una voz estridente y amarga. Con su canto, Ira consiguió romper el timón y llenar el cielo de nubes negras cuyos rayos y truenos iluminaban lo poco que quedaba en aquella isla. Poco a poco su voz fue disminuyendo en un susurro mientras otro nudo se desataba. Ira miró profundamente a barco y con una leve sonrisa desapareció zambulléndose en el mar. En el cielo, el suave color verde del arco se hizo un poco más intenso y la brisa comenzaba a hacerse notar.

Un timón roto, dos nudos desatados y sin poder zarpar… Rabia estaba allí. Un diminuto pulpo de cabeza cuadrada y ocho tentáculos muy curiosos. Dos tentáculos con zapatos de bailar claqué, otro con un bongo, otros dos libres para tocar el bongo, uno para sonarse la nariz y dos para taparse las orejas. Parecía una marioneta guiada por una mano invisible.

Comenzó un ritual de baile y sonido generando una vibración en el mar. De allí surgió un enorme tobogán negro con forma de remolino que engulló a barco deslizándole de punta a punta hasta lograr deshacer otro nudo y destrozar una vela.

Una nube blanca recogió a Rabia ascendiéndola hasta deslizarla sobre el arco verde, dando así más fuerza a su color.

Barco estaba destrozado. Todavía le quedaba un nudo por deshacer y además una de sus velas y su timón estaban rotos.

Fortaleza

Entonces la brisa se hizo más fuerte, tanto que las dos velas que le quedaban comenzaron a ondear. Del centro de la quilla brotó una pequeña luz que se fue extendiendo por cada rincón de barco… Alegría deshizo el último nudo. En el cielo el arco verde intenso se reflejaba en el mar formando un sendero por donde barco decidió navegar. Comenzó su camino despacio, pues todavía tenía alguna grieta, aunque su luz continuaba aumentando a medida que pasaban los días. Brillaba tanto que atrajo a otros veleros que le ayudaron a reparar el timón y la vela rota.

Pasó varios meses navegando mientras formaba una tripulación con todo lo que iba descubriendo… Risas llevaba el timón, Juegos las velas, Cosquillas se encargaba de los remos. No—No, Ira y Rabia también se unieron a la tripulación pero estaban bien escondidos en las bodegas. Había alguien muy especial que controlaba  sus movimientos: Fortaleza, una preciosa niña de vivos ojos y sonrisa perpetua, era el Capitán.

Barco recuerda el ayer en aquella  isla de arena blanca como el lugar donde se generaron sus sueños. Ahora navega con ellos descubriendo cada día algo nuevo para aprender. El mañana es hoy; una fábrica de sueños que no cesa, un mundo de imaginación que le permite navegar por los más inmensos océanos.

 

Sonreír, jugar, disfrutar… este es mi final.

¿Cuál es el tuyo?


Entre la razón y el corazón


    Imagen de composita en Pixabay 



¿Existen los sueños?

Si alzas la mirada te encuentras con el cielo.
Si bajas la mirada, te encuentras con los pies en la tierra.

Arriba, el cielo.
Abajo, la tierra.
Entre ambos una persona dividida en dos.

¿Existen los sueños?

De cintura para abajo, la razón, que nos recuerda lo que vemos, ¿realidad?
De cintura para arriba, el corazón, quien siempre nos recuerda que las estrellas están ahí para acompañarnos en nuestro sueños.

¿Existen los sueños?

El corazón es la fuerza que a menudo vence a la razón.
El corazón late con fuerza en aquellas personas que están llenas de bondad.
La fortaleza de cada uno es esa máquina de sueños que nos llena de alegría y que tan gratamente entregamos a los demás.

¿Cuál es mi sueño hoy para vosotros?

Desde mi corazón genero alegría que vence a la razón para que nuestras vidas continúen creciendo en armonía hasta alcanzar un nivel imaginario.

Mis sueños son un tesoro que sólo comparto con quienes, a pesar de sus circunstancias, siempre reparten sonrisas.


Cristina Romea

A mis lectores

Estimado/a lector/a:

En este blog encontrarás todo lo referente a mis creaciones, las publicadas y las pendientes por publicar.

Es para mí un placer invitarte a descubrir mi nueva novela titulada Pan con vino y azúcar.
La publiqué en septiembre de 2018 y es ahora cuando está dando sus frutos.
Estoy recogiendo testimonios de lectores/as con grandes muestras de cariño. Desde lectores juveniles que se identifican con el personaje principal, hasta lectores de avanzada edad que vivieron el costumbrismo rural en época de posguerra. Y qué decir de las historias personales que han unido a familias relacionadas con Peñalcázar. Este caso fue el de Emy que tras leer la novela entre varios familiares repartidos en distintas provincias españolas, decidieron juntarse un día para subir a Peñalcázar (principal escenario de la novela) para conocer el origen de sus antepasados.

A todos ellos mi más sincero agradecimiento por sus palabras de cariño que siempre animan a continuar escribiendo.






Un abrazo fuerte.

Cristina Romea




Foto: mi lectora Emy y yo, en las Jornadas de Autor en la Alhóndiga de Bilbao.

Paralelismos con la naturaleza.

 Respirar Imagen de  PublicDomainPictures  en  Pixabay   Tumbada boca arriba en la arena de una playa, el  aire entra y sale por mis fosas n...