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A mis lectores


Estimado/a lector/a:

En este blog encontrarás todo lo referente a mis creaciones, las publicadas y las pendientes por publicar.

Con mi novela Pan con vino y azúcar estoy recogiendo testimonios de lectores/as con grandes muestras de cariño. Desde lectores juveniles que se identifican con el personaje principal, hasta lectores de avanzada edad que vivieron el costumbrismo rural en época de posguerra. Y qué decir de las historias personales que han unido a familias relacionadas con Peñalcázar. Este caso fue el de Emy que tras leer la novela entre varios familiares repartidos en distintas provincias españolas, decidieron juntarse un día para subir a Peñalcázar (principal escenario de la novela) para conocer el origen de sus antepasados.

A todos ellos mi más sincero agradecimiento por sus palabras de cariño que siempre animan a continuar escribiendo.






Un abrazo fuerte.

Cristina Romea




Foto: mi lectora Emy y yo, en las Jornadas de Autor en la Alhóndiga de Bilbao.

Pan con vino y azúcar


En mil novecientos noventa y siete, Mónica acude por primera vez a la consulta terapéutica del doctor Lluc. Desde hace seis meses dejó su ciudad natal, Zaragoza para trabajar con su amiga Sonia en Barcelona. El hecho de alejarse de sus padres, en especial de su madre, con tendencia depresiva, le causó su primer episodio de ansiedad.
En su terapia, Mónica nos irá desvelando su historia familiar, acercándonos a la vida de sus abuelos maternos. Sus costumbres y forma de ser, influenciados por una época de guerra y posguerra en zona rural fronteriza entre Castilla y Aragón, formaron su percepción carencial ante la vida.
Las experiencias de sus abuelos marcaron el crecimiento de las siguientes generaciones, condicionando el presente emocional de Mónica. ¿Logrará la protagonista romper con el eslabón familiar?






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Vídeo presentación Pan con vino y azúcar


El 13 de septiembre de 2018, presenté mi novela, Pan con vino y azúcar, en la Alhóndiga de Bilbao, dentro de la VI Jornada de autor organizada por la Asociación de Escritores de Euskadi.

En él expongo una breve sinopsis, una declamación poética y una conclusión referente a la trama.

El vídeo dura unos cinco minutos.

¡Disfrutad!


Conoce Peñalcázar, el escenario de mi nueva novela


Mónica, nuestra protagonista de Pan con vino y azúcar, nos narra una visión poética y humanista sobre el pueblo de sus abuelos: Peñalcázar.


Aquí, desde este blog, os muestro  breves pinceladas de su  historia real mediante fotografías y datos que fui recogiendo para la creación de la novela.



Evolución etimológica Alcoçér/ Alcazar/Peñalcázar.

Muela de la Peña. El pueblo está situado en la planicie a unos 1200 m de altitud


Murallas: entrada noroeste
 

Camino de acceso noroeste


Actualmente, Peñalcázar es un pueblo abandonado situado en lo alto de una peña rocosa.

Su situación estratégica,  cercana a la antigua zona de paso fronteriza que dividía Aragón con Castilla por la provincia de Calatayud y Soria, fue clave en su papel de fortaleza.

Geográficamente está rodeada por  las sierras de Deza, Costanazo, Bigornia, Corija y Miñana, así como por corredores fluviales que antiguamente formaron una vía de paso desde el valle del Jalón hacia los campos de Gómara.

Fue ocupada por distintas civilizaciones: celtíberas, romanas, visigodas, musulmanas y cristianas. Actualmente, sólo se pueden apreciar las ruinas de épocas romanas, musulmanas y cristianas. Para encontrar restos arqueológicos de época celtíbera o visigoda, sería necesario realizar estudios con excavaciones arqueológicas.

Su mayor esplendor fue durante el s.X, en época musulmana, formando parte de las plazas fuertes que controlaban el territorio del Duero.

Iglesia con torreón dedicada al Arcángel San Miguel S.XVI (Norte)


Vistas estratégicas: el Moncayo desde desde el norte


Ladera Sur. Murallas

Segundo acceso a la villa (Sur)

Al estar situada en lo alto de una peña, sus paredes formaban una muralla natural, salvo en aquellos lugares en los que la ladera caía quedando el acceso desprotegido. Es el caso del segundo acceso a la villa donde quedan restos de murallas de época musulmana y cristiana.

Al este, la ermita renacentista, hoy derruida.

La ermita renacentista fue, en época musulmana, una torre vigía que controlaba la entrada de la frontera y la Sierra de Deza. 

En algunas investigaciones quedan reflejadas que Peñalcázar fue conquistada por el Cid Campeador. En el Poema del Myo Cid es nombrada como Alcoçer y describe su presencia como un "otero, redondo, fuerte y grande". 

Su nombre Peñalcázar proviene de Alcoçer, que significa castillo. Cabe la probabilidad de que en Peñalcázar hubiera habido un castillo o fortaleza, hoy en día no localizado, que seguramente esté soterrado. En la novela Pan con vino y Azúcar, Mónica te acompañará, mediante un pequeño recorrido a que descubras donde puede encontrarse ese castillo o fortaleza.

Aljibe romano

Estas ramas que sobresalen por este agujero, pertenecen a un árbol que ha crecido dentro del antiguo aljibe.
Nevero romano

Antiguo caserío

Si visitáis alguna vez el yacimiento arqueológico de Numancia y observáis la reproducción de una casa celtíbera, no dista demasiado en tamaño y forma a las construidas en Peñalcázar. 


Como os he comentado su importancia hacía referencia a un lugar estratégico utilizado para proteger la frontera. Así, fue testigo de la Guerra de los dos Pedros en el s.XIV. De los enfrentamientos entre Navarra y Aragón en el s.XV. Y de la Guerra de Sucesión en el s.XVIII.
Una vez que las guerras finalizaron, su papel de fortaleza dejó de tener interés. Con el paso de los años se desvió el paso de la frontera hacia el valle del Manubles, actualmente entre Torrelapaja (provincia de Calatayud) y Ciria, (provincia de Soria). 

Mi abuela nació y creció allí. Los habitantes vivían de la ganadería y la agricultura soportando unas duras condiciones metereológicas en invierno y sin agua corriente. 

La despoblación llegó a Peñalcázar en 1976. Desgraciadamente, los saqueos comenzaron antes.
Hoy sólo quedan ruinas que sobrecogen al caminante que se adentra entre sus piedras derruidas.
He subido muchas veces a este lugar. He llevado a muchos amigos a recorrer sus calles. Ninguno de ellos desciende de La Peña igual que subió. 
Uno de ellos fue mi amigo Koldo Garrido quién compuso este poema tras regresar de allí.



A Peñalcázar

Pueblo antiguo, en la colina yaces,
azotado por el frío, la lluvia y el viento,
de octubre a mayo, gris, triste, nublado,
el valle testigo del eco de tu lamento.

El lóbrego y yerto camino que a ti llega,
cubierta la vista por la bruma espesa,
retazos de vida que en tu cuneta asoman,
y en el rocío del alba apenas se expresan.

Las calles desiertas, heridas de muerte,
las piedras caídas, desolado paisaje,
guarda la hermosura de otros tiempos,
nostálgica imagen de mi viaje.

La torre plantada como el olmo del Duero,
altiva y distante, sin campana, ni gloria,
vigila la frontera, atenta mirada,
línea invisible entre Zaragoza y Soria.

Allí has quedado plantado, desguarnecido,
el suelo cubierto con tejas coloradas
que en otros tiempos, sólidas cubrieron,
los deseos de las gentes esperanzadas.

Se han quedado estancadas las aguas
y un árbol gobierna la olla oscura,
en el que de ladrones y estafadores,
la libertad halló lenta sepultura.

Y allí entre el gris de las caídas piedras,
un pedazo de mi alma apenas he dejado,
que vigila al fuerte viento, que no derribe,

el resto de la vida de un pueblo encantado.



No os desvelo más. Darle la mano a nuestra protagonista Mónica, en las páginas de Pan con vino y azúcar y ella os encaminará a descubrirla.

Un abrazo,

Cristina Romea





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