Cristina Romea Ramón
Escritora y conferenciante
Sobre mí
Soy una escritora de temática reflexiva y crecimiento personal nacida en 1971.
Durante una etapa de crisis me introduje a investigar sobre la influencia del entorno sociocultural y educacional en las etapas más tempranas de crecimiento dentro de la época dictatorial y transición española.
El modo de relación inculcado desde el dominio y la sumisión daño la autoestima de muchas personas. Percibirse carente en la vida limita la conexión interna y el autodescubrimiento. Las emociones de miedo y culpabilidad irracional anclan y perpetúan la estructura carencial heredada transmitiéndose a las siguientes generaciones.
Mis creaciones invitan a comprender desde la compasión a esta estructura interna para elevar la autoestima.
Pan con vino y azúcar 2018, Amazon: novela transgeneracional.
Evolución: reflexiones existenciales en este blog.
Conferencias: desmontando el pensamiento de carencia.
En este blog tienes toda la información.
Disfruta de su lectura.
Novela Pan con vino y azúcar
Mónica, la protagonista de la novela, está condicionada
emocionalmente en su vida. Tras una crisis de ansiedad acude a una consulta
terapéutica donde será guiada por el doctor Lluc para desvelar los bloqueos
emocionales que le limitan.
El viaje emocional de Mónica nos adentrará a la comprensión de la
historia de tres generaciones. El contexto histórico donde crecieron sus
abuelos y sus padres formaron creencias limitantes en el inconsciente causantes
de los bloqueos de Mónica.
La liberación emocional será su única vía de trascender el dolor hacia el Amor incondicional. Desde la comprensión profunda de las circunstancias.
Compra de ejemplares: Amazon - Pan con vino y azúcar
Sobre este blog
Leandro de Carvalho, Pixabay
Todas las entradas tienen una lógica secuencial por lo que te aconsejo que comiences leyendo de principio a fin, incluida la parte "sobre mí".
Es necesario que leas despacio para que te de tiempo a asimilar la
nueva información que te está llegando. El punto de vista que expongo no se
corresponde con la programación que nuestro cerebro ha sido educado. Si sientes
un rechazo a algo escrito, una reacción automática, esto es una manifestación
directa de esa programación. Una resistencia.
La programación automática del cerebro manifiesta la resistencia a
modo de protección. No le gusta salirse de lo que ya conoce porque le da miedo.
En este caso la elección de continuar leyendo o no será tuya.
Consejo: no te pelees con la resistencia. Sencillamente acompáñala
como si fuera un niño que no quiere ir al colegio. Desde la amabilidad hacia
uno mismo la resistencia cede.
Decidas lo que decidas, hagas lo que hagas, me siento feliz de que
hayas llegado hasta aquí.
Disfruta de la lectura.
Cristina Romea
Infancia herida
Nuestros antepasados no pudieron cuidar sus emociones. Nos pasaron el testimonio de su herida.
Brindemos un homenaje atendiendo lo que se les negó: dignificar su existencia.
Ayer cuidé pero no de ti
Perdida en el camino respiré sin aire.
Hoy te encuentro malherida en mitad de un bosque sombrío
Y te acuno desde el centro enviándote un latido.
Levanta la mirada niña mía.
Levanta la mirada niño mío.
Recoge de la ombría los más valiosos frutos.
Dirígete a la pradera y entrégate a descubrir
Cuántas maravillas vienen a por ti.
Nuestros orígenes.
El escenario
de la novela Pan con vino y azúcar está inspirado en el pueblo donde nació mi abuela: Peñalcázar
(Soria). Un despoblado lleno de riqueza histórica.
Tenemos un escenario desolado donde es necesario sacar las fuerzas internas para volver a construir tras la Guerra Civil Española. Historias llenas de luces y sombras. Confianza, desconfianza y... miedo. Miedo a perder.
Aún así, la vida volvió a comenzar. ¿Cómo lo hicieron? Aferrándose a los buenos recuerdos. Creando momentos únicos de unión: la matanza del cerdo; pasear hasta la estación del tren; sentarse a la fresca bajo las estrellas; sacar el genio cuando era necesario un límite; abriendo la puerta a conocidos: "donde comen tres, comen cuatro"; conectando con la naturaleza y sus recursos: cogiendo tomillo, té, manzanilla. Bañándose en las aguas nítidas del río Manubles; caminar más de siete kilómetros por el monte para tomarse un café con algún amigo de algún pueblo vecino.
¿Y en la parte más oscura? Alguna mujer destruida en su dignidad por abusos de la barbarie; quebrantamiento mental del dolor insoportable empujando al suicidio; tristeza profunda por la muerte de algún hijo; peleas o denuncias por envidia o rencor.
En este contexto histórico se formó mi abuela. Sus manos tenían artrosis de
tanto trabajar. Y sabañones en los días de invierno por acudir al lavadero. Fue
una auténtica heroína. ¡Y cocinaba de bien!
Cuando visitéis Peñalcázar pasear en silencio entre sus calles. Si lo hacéis con respeto, sentiréis un sobrecogimiento. Son las voces del ayer reclamando dignidad. Ellos forman parte de nosotros. Estar atentos porque es cierto que sus rincones hablan. Es un punto estratégico y energético importante.
"Peñalcázar existe con sus cimientos derruidos. A la espera de que nuevas civilizaciones remuevan entre sus escombros hasta encontrar en ellos la raíz latente que aporte sentido a la existencia". Pag.11 Pan con vino y azúcar.
Relaciones heredadas
Conocer de dónde venimos es importante para saber las bases emocionales que llevamos en el inconsciente colectivo.
La sociedad se relacionaba en base a unas normas dictatoriales donde el dominio y la sumisión se mantenían ancladas por medio de las emociones de culpabilidad y el miedo.
Esta base emocional heredada, continúa vigente. La muestra está en cualquier tipo de relación donde exista violencia, ya sea sutil o agravada. Un ejemplo es la violencia de género.
El objetivo social hacia la población en la época de nuestros antepasados fue dividirnos por géneros para que el hombre sirviera como mano de obra de la sociedad y la mujer como mano de obra del hombre. Desde el nacimiento se les enfocaba a creer que eran carentes y debían complementarse con la pareja para vivir o sobrevivir (acuerdos matrimoniales).
Consecuencias
- Necesidad posesiva del otro.
- Miedo a perder.
Evolución
A lo largo de los siglos el ser humano ha experimentado etapas en las que los cambios han significado un avance en el modo de relacionarse y construir. Dentro de esos cambios el dolor siempre ha estado presente debido a la distinción de las clases sociales, los desajustes humanitarios y las guerras. Etapas evolutivas que se repiten dentro de un ciclo constante llamado vida.
¿Cuál será el siguiente cambio? Quizá ya estemos contribuyendo a ello.
En los últimos años hemos dado un salto, inimaginable para muchos de nuestros antepasados, en tecnología. Hemos ganado en calidad de vida a comparación con nuestros abuelos. Y se nos ha abierto un campo nuevo hacia el conocimiento de las emociones.
Ahora bien, ¿avanzamos en humanidad? ¿Nos posicionamos en los valores que nos unen para construir? ¿Cuánto influyen las experiencias pasadas en la desconfianza? ¿Qué es la carencia? ¿Cooperar o competir?
Evolucionar comprendiendo el modo de relación de nuestros antepasados nos empuja a buscar nuevos enfoques que nos permitan salir del "yo" pequeñito para acercarnos al Nosotros desde la pluralidad.
Ritmo evolutivo
Si habéis visitado alguna vez el Museo de la Evolución Humana, os
habréis dado cuenta de los cambios constantes que ha sufrido nuestro planeta
Tierra y el ser humano. Todos esos cambios han ido acompañados por el ritmo de
evolución y regeneración natural: lento y constante.
En el caso de las personas, nuestro cerebro requiere de tiempo y calidad
para integrar conocimientos que adquirimos del medio, filtrarlos en nuestro
interior y volver a expresarlos de manera creativa y constructiva hacia el
medio y sociedad.
En el caso del planeta Tierra, sus recursos son renovables a largo plazo
debido a ese ritmo lento y constante de regeneración natural.
Actualmente, ese ritmo evolutivo se encuentra en peligro, tanto en nuestro
planeta como en nosotros mismos. Las crisis económicas, la presión por conseguir dinero, producir, competir y consumir, generan grandes
desajustes a nivel humanitario que incitan cometer actos egocéntricos en
todos los niveles. Todo este desajuste encauza al ritmo de la evolución
biológica, socio-cultural y medioambiental hacia la enfermedad.
Respirar
La conexión interna está estrechamente ligada a la respiración
natural (lenta y constante). Las preocupaciones y el estrés acortan su
ritmo natural, cerrando el diafragma. Así, los pensamientos negativos se
aglutinan, las tensiones bloquean la musculatura y el sistema inmunológico cae.
El alma se duerme.
Si observamos la naturaleza esta se muestra ante nosotros con un movimiento
lento y constante. Nuestra respiración podría compararse con el oleaje del mar.
Cuando está en calma muestra tranquilidad. Las olas van y vienen manteniendo la
vida en su interior. Cuando el oleaje está bravo, su movimiento genera
turbulencias internas alterando el ecosistema. Nuestra respiración actúa
similar.
Cuando sentimos angustia por manifestaciones de crisis o bucles, podemos
paliar los efectos prestando atención al centro del corazón y a la respiración.
De esta manera cambiamos el foco dando más importancia al aire que entra y sale
por los pulmones.
Imaginad que una mañana os levantáis de la cama y notáis el ambiente de la
casa cargado. Entonces abrimos las ventanas y en cuestión de segundos la
ventilación se lleva esa energía cargada. El mecanismo diafragmático son las
ventanas.
Cuando nacemos respiramos de manera natural. Cuando somos adultos nos tenemos que recordar que estamos respirando erróneamente ante las obligaciones que arrastran a la prisa. Olvidarse de la respiración natural es olvidarse de
uno mismo.
El sentido de la pertenencia
De vez en cuando me gusta pasear por lugares tranquilos. Estos paseos me
sirven para crear paralelismos entre la naturaleza y nuestra manera de vivir.
Paseando por un bosque reflexioné: “árboles creciendo juntos. Cada uno se
alimenta de sus propias raíces. Distintas especies forman un conjunto
paisajístico. No falta ni sobra ningún árbol. Si se quita alguno el paisaje
cambiará y su función variará”.
La naturaleza crea paisajes y microclimas para acoger a la vida. Es un
trabajo de cooperación sin posesión.
El paralelismo encontrado fue: “pertenezco a este mundo aunque nada ni
nadie me pertenece”. Y la libertad se despertó en mí.
Emociones
Las emociones son como los cambios de marcha de un vehículo. Se manifiestan
adaptándose a la carretera. Si encontramos una pendiente, reducimos la marcha y
subimos despacito. Si el camino está despejado, podemos meter la quinta marcha
y sentir la velocidad.
Quien conduce el vehículo somos nosotros pero nosotros no somos las
marchas. Y, lo mismo que no hay marchas mejores ni peores tampoco hay emociones
malas o buenas.
Existen dos emociones básicas: el amor y el miedo. Todas las demás derivan
de ellas. Unas son positivas y otras, negativas. Todas tienen su utilidad.
Si voy al campo y veo una serpiente, sentiré miedo para protegerme.
Si alguien reclama mi ayuda, sentiré amor empático para ayudar.
Si percibo que quien reclama mi ayuda quiere aprovecharse
de mí porque en mi recorrido de vida sucedió una vez, entonces está actuando
el miedo irracional quien identifica una
nueva situación a una experiencia pasada. El resultado será la omisión de la
ayuda y un enfado de culpabilidad interna por haber permitido un abuso (las
emociones no viven en el tiempo lineal. No saben que lo sucedido ya pasó). En
este caso, la experiencia pasada domina en el presente pues la emoción
está anclada en lo sucedido anteriormente. Aquí se formó una creencia:
ayudar=abuso. En este caso para liberar la percepción errónea tendré
que trabajar la emoción que quedó anclada en la creencia. Gestionando la
culpabilidad enjuiciadora y el perdón hacia mí misma por
permitir en su momento un abuso. Comprendiendo que si actué así fue porque no
supe hacerlo de otra manera.
De nuevo surgirá el sentimiento de culpa con la utilidad de corregir en
lugar de anclar el juicio. Las oportunidades evolutivas son a diario.
La etimología procede del griego emovere que significa
mover. Por lo tanto, las emociones mueven el pensamiento para generar acciones.
Si domina el miedo irracional, las acciones serán reactivas. Si
domina el amor, las acciones serán reflexivas y cooperativas.
Ahora bien, ¿tenemos opción para elegir nuestras emociones? Los estados
emocionales están condicionados por cuanto hemos aprendido en las etapas más
tempranas de nuestra existencia. El camino para desaprender parte de nuestra
propia voluntad, por lo tanto, la opción existe.
El sentimiento de culpa
El sentimiento de culpa
tiene una funcionalidad útil que ayuda a corregir un error ético o moral. Es
decir, corregimos el error y seguimos viviendo. Por lo tanto la culpa cumple su
misión evolutiva.
El uso disfuncional aprendido en la educación autoritaria es perpetuar un
castigo infundiendo miedo.
Cuando el sentimiento de culpa perdura ante los errores mínimos que podemos
cometer a diario, o repetitivos, puede encaminarnos a la tristeza pues estamos
utilizando un castigo interno en lugar de una corrección.
La voz interna de la culpabilidad autoritaria es enjuiciadora y
disfuncional. No resuelve. Encamina a la mente hacia un castigo con
pensamientos repetitivos de bucle aumentando la reactividad emocional.
Proyectando dolor interno y externo.
De la culpa al perdón
Quien más o quien menos ha vivido alguna vez situaciones dolorosas. Estas
han conectado con una emoción concreta causante de una reacción. Esa reacción
ha generado dolor en uno mismo o en otra persona.
Ante una situación que el cerebro considere amenazante reacciona atacando
pues se posiciona en situación de víctima y a la vez, verdugo. En este sentido
puede ocurrir que la persona se culpabilice a sí misma o a los demás. Estas reacciones,
lejos de liberar, encadenan aún más al dolor y al sufrimiento.
En cambio, cuando la situación se analiza desde la neutralidad emocional, alejada de la culpabilidad enjuiciadora, se accede al perdón, nuestra arma de liberación.
He de matizar que transitar emociones ancladas a situaciones dolorosas no es fácil. Las redes sociales se llenan de positivismo hacia la búsqueda de la libertad. En la letra pequeña es necesario añadir: ten paciencia, ánimo, constancia y perseverancia. La voz de la culpabilidad heredada es muy destructiva según que casos.
Acto de valentía
Cada uno de nosotros nace en un país, con una cultura determinada, dentro
de una familia donde cada uno de los integrantes está condicionado por su
educación y época de nacimiento. Esa educación se transmite al nuevo miembro
heredando este una serie de creencias y limitaciones arraigadas. Esas creencias
quedan grabadas en su interior condicionando su presente.
En algún momento de la existencia esa persona puede tener deseos de
experimentar la vida según siente en su interior, no según le han enseñado. Es
preciso tener en cuenta que cuando esta situación se manifiesta el
sentimiento de culpa aparece pues salirnos del rebaño implica
“traición”.
Para llevar a cabo este proceso es necesario enfrentarse, sin
violencia y con respeto, a los miedos internos y a las estructuras
familiares heredadas. Los pequeños cambios son los que generan grandes
movimientos y estos comienzan con la escucha hacia uno mismo. Realizando cuanto
se siente en el interior para beneficio propio y común. Estas pequeñas acciones
serán un acto de valentía.
Reconocimiento
Noel Bauza, Pixabay
El pensamiento de carencia impide que reconozcamos la existencia como
tal.
Nuestros antepasados aprendieron a reconocerse por aquello que tenían. Así
nació el estatus. Cuanto más se tenía, más reconocimiento. Esta manera de
percibirse trajo al presente una herencia emocional que actualmente se traduce
en envidia, avaricia y exceso de consumo.
Como veis, percibirnos incompletos tiene unas repercusiones comunicativas y
sociales poco favorables para el equilibrio y bienestar común.
Es muy habitual encontrarnos con alguna persona y que esta nos pregunte por
nuestro trabajo o por nuestros estudios. Rara vez respirará, nos mirará a los
ojos y nos comentará sinceramente: “¡qué bien te veo!” Si os encontráis con
alguien así podéis deteneros y darle un abrazo sin reparos pues os estará
reconociendo por lo que sois, no por lo que hacéis.
En nuestra sociedad el reconocimiento está invertido. Nos valoramos por lo
que hacemos, no por lo que somos. Desde este punto nacen las exigencias y las
autoexigencias para ser reconocidos mediante un logro.
A menudo, perseguimos el éxito dejando nuestro bienestar al margen sin ser
conscientes de que el reconocimiento ya lo tenemos sencillamente por existir.
Lo que hacemos es el medio por donde extendemos nuestra esencia. Sin
nuestra labor, nuestro universo, el de cada uno, se queda en cenizas pues no
puede extenderse y pierde su capacidad de crecimiento evolutivo.
Cuando el reconocimiento y el valor están orientados a nuestra naturaleza
interna, la capacidad para crear y extendernos mediante una actividad surge con
la motivación y esta a su vez encamina al éxito. Cuando el valor se enfoca en
los logros sin el reconocimiento interno, el éxito obtenido es efímero y
carente de esencia.
La pregunta: “¿para qué estoy haciendo lo que estoy haciendo?” ayuda a
obtener respuestas. Si esa respuesta está ligada a una búsqueda de
reconocimiento, el proceso debe ser invertido pues el reconocimiento no está
afuera, sino en uno mismo.
El dinero
Una de las creencias que heredamos del pensamiento de carencia es que el dinero hay que perseguirlo o conseguirlo a toda costa. Para nuestros antepasados tener trabajo y dinero significaba tener dignidad. Lo que desconocían es que la dignidad es un derecho con el que se nace.
Es evidente que no se puede vivir sin dinero. Es nuestra moneda de cambio para cubrir las necesidades básicas que garantizan la supervivencia.
El dinero no se consigue; está. El hecho de que creamos que no está provoca
un desajuste en todos los niveles que parte del miedo a perder. Otra cosa es
que en nuestras cuentas tengamos mucho o poco dinero. Hablo de la
percepción hacia el dinero.
Trabajar creyendo que el único objetivo es conseguir dinero desmotiva pues acudir a cualquier lugar de trabajo implica un esfuerzo diario considerable. Trabajar tiene dos objetivos: cooperar en un servicio y recibir dinero a cambio.
Ejercemos un trabajo. Ese trabajo ayuda a cumplir un fin entre empresa,
sociedad y familia o vida propia. El dinero llega por la prestación del servicio.
Y ese dinero sirve para repartir en las distintas áreas de la vida. A su
vez pagamos impuestos. Que se reparten dentro de un sistema de Seguridad Social creado en su momento para ser cooperativo y solidario. Quien se quede sin empleo estará mínimamente cubierto.
El tiempo del desempleo permite rehabilitarse en cualquier área para volver a
proyectarse en sociedad y no romper el círculo cooperativo.
Así de sencillo.
Pero como el foco está puesto en conseguir el dinero a toda costa entra la
corrupción, la desmotivación, las bajas, las enfermedades, el desequilibrio
mental, los abusos empresariales, los desvíos de fondos y el sálvese quien pueda que yo miro por mí.
Se rompe el sistema cooperativo construido. La vida de nuestros antepasados
entonces pierde valor pues volvemos a repetir la misma carencia. Se reduce el presupuesto
en bienestar social (educación, sanidad, salud mental). Y el futuro de nuestros hijos queda
en incertidumbre: "la vida es dura"... ¡¿De verdad?! Y ellos nos
responden: "¡ni estudio, ni trabajo!, no he nacido para
sufrir".
Cuando perseguimos algo, ese algo huye. Creamos el efecto contrario. Es la
actitud quien ayuda en los cambios, no el dinero. Cada uno que reflexione sobre
su granito de arena. Si continuamos así y unimos todos, obtendremos un
desierto.
Estado de conciencia
El amor es un estado de conciencia que
se encuentra en uno mismo.
Aprender a conectar con este estado neutraliza los grados de
sufrimiento causados por falsas percepciones. Desde ese estado, se alcanza una
visión global aceptando a las personas tal y como son. Este enfoque nos acerca
a la pluralidad. Los problemas se minimizan encontrando soluciones desde tu
propio centro. Desde ese centro la cooperación se manifiesta.
Alcanzar este estado se realiza con la naturalidad más absoluta que existe
y esa es la vida. Las manifestaciones emocionales deben surgir tomando
conciencia de que somos responsables de ellas de manera individual. Cuando
aprendemos a proyectar nuestro propio amor hacia nuestras reacciones sin
culpabilizarnos, ese estado de conciencia se manifiesta.
Esto no implica vivir sin conflicto o en un estado constante de calma.
Implica atención, respeto y responsabilidad hacia uno mismo y hacia los
demás.
Somos más de lo que creemos ser
Vivir en armonía no es ignorar los acontecimientos. Es tomar conciencia de
lo que está sucediendo alrededor y en uno mismo para trabajar desde un
compromiso coherente.
Si observamos nuestros movimientos diarios, comprobaremos que se pueden
comparar a una escena de teatro. Cada uno acude a sus quehaceres cumpliendo su
papel, sólo que muchas veces se actúa sin escuchar la voz del Director.
La presencia total en el escenario es fundamental para el desarrollo de una
obra. La presencia total en nuestra vida es fundamental para el desarrollo de
esta. Y nosotros, somos los protagonistas.
Dentro de nosotros hay una voz de miedo y culpabilidad enjuiciadora
programada desde el pensamiento de carencia. Se llama ego; un espectador que no
cesa de parlotear.
Cada uno tiene un Director. Sólo debemos aprender a escucharlo. Él es
paciente y espera.
Pluralidad
En el momento en que seamos libres de nuestras creencias, alcanzaremos la
percepción íntegra y el conocimiento que nos conduce a la pluralidad: aceptar
al otro como es, experimentando cada uno su camino independiente y a la vez
complementario.
¿Qué sentido tiene vivir si la finalidad es destruirnos? Observad la
naturaleza. Ella convive en armonía dentro de un ciclo donde hay vida y muerte.
Mas cuando algo muere se transforma dejando su esencia. Otra forma ocupará su
lugar para continuar ese ciclo respetuoso de crecimiento. Pero si dentro de una
comunidad el respeto es mutilado a un solo integrante, esa mutilación será
colectiva.
Manual básico de nuestra existencia
Consciente
Cuando compramos un coche nos enseñan y aprendemos qué es y cómo funciona.
Cuando nacemos, venimos sin manual. No os preocupéis, yo os lo explico de
manera básica y por partes:
Respiración: lenta y constante, es la
gasolina.
El corazón: el motor coherente que conecta con los
valores éticos y morales.
Parte física: El cuerpo (la carcasa)
Parte alta: Pensar. Ver, oir, hablar, masticar, tragar.
Parte media: Sentir. Respirar y latir (ritmo lento y constante). Brazos y
manos para extender (trabajar, abrazar, tocar).
Parte baja: Voluntad. digerir, expulsar y mover. Ejecutar.
Coherencia: pensar, sentir y voluntad, unidas. Una
única voz. el director-conductor.
Incoherencia: las creencias irracionales dicen
una cosa y tu coherencia otra. Bloqueo asegurado. El ego
Parte fisiológica: Sangre, linfa, neuronas y órganos
funcionando en cooperación para ayudar a la movilidad
corporal.
Las emociones en el cuerpo: Todas las derivadas del Amor se
sienten en la parte del corazón; (confianza, cooperación). Todas las
derivadas del miedo irracional, se sienten en la parte del plexo
solar y abdomen; (alerta reactiva: parálisis, ataque o huida. Desconfianza).
La culpabilidad enjuiciadora bloquea toda la musculatura creando tensiones
físicas y presión en el pecho. Impide y limita la extensión de la coherencia y
creatividad.
Pensamiento: puede ser racional (movido por la
voluntad propia) o ajeno (promovido por creencias emocionales aprendidas
erróneamente a lo largo de la existencia, heredadas o infundidas socialmente.
También llamadas "mochila").
Hemisferio derecho e izquierdo: energía masculina y femenina en cada
persona. Unidos son la bomba.
Órganos Sexuales
1.- Sentido biológico: motivación placentera para procrear.
2.- Sentido comunicativo: En uso responsable, fomenta la comunicación entre
personas, aumenta la autoestima, la creatividad, disminuye el estrés, aparta al
miedo, genera confianza en uno mismo y en los demás. Acerca a la equidad y a la
cooperación.
Autoestima: la imagen que creo o tengo de mí.
Somos responsables de nuestro bienestar individual y este influye en el
colectivo. Tu vehículo, aunque tenga partes rotas, se puede transformar conscientemente.
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