Trabajemos la base

 




A lo largo de la historia las mujeres hemos estado castigadas sólo por el hecho de ser mujer.

La estructura social heredada en el modo de relación: dominio-sumisión, se encargó de orientar a las personas en comportamientos automáticos. El hombre mandaba. La mujer; callaba.

Intentar salirse de esta estructura, encaminaba a la mujer hacia el sentimiento de culpabilidad quien se encargaría de reconducirla a cumplir con la lealtad fomentada en la familia y la sociedad. Una mujer nacía y se le instrumentalizaba para obedecer las necesidades del hombre. Y el hombre nacía y se le instrumentalizaba para obedecer al sistema productivo.

Este modo de relación fue evolucionando hasta llegar a nuestros tiempos. Tres generaciones después la violencia de género sigue vigente. Aumentando este comportamiento en la población juvenil.

En cualquier relación donde exista violencia de género, el hombre utiliza la base emocional del miedo y la culpabilidad proyectándolo hacia la mujer (dominio). Y la mujer usa ese miedo y culpabilidad proyectándola hacia sí misma (sumisión). 

La mujer maltratada no se deja maltratar porque le de la gana. Su dominador utiliza estrategias muy sutiles, ocultas para el resto de la sociedad. Comienza la relación captándola con todos sus encantos. A medida en que la mujer le ofrezca su confianza, él usará su domino sutilmente. Dándole una de cal y otra de arena. Comportamientos que la mujer irá aceptando inconscientemente (por aprendizaje social histórico) sintiéndose ella la culpable de provocar el malestar de él. 

Cuando ella se quiera dar cuenta, él habrá minando la autoestima de su esposa, amiga con derecho a sexo, relación esporádica o abierta, hasta debilitarla y tener el control de su vida. 

Una persona dominante utilizará el sexo para sentir dominio. Esa es su única finalidad.  Para él, ella es su objeto. Y cuando decida él, no ella, la desvalorizará garantizando que se sienta culpable por dejarla. Puede utilizar la estrategia de cambio por otras mujeres, repentinamente, como quien cambia de coche. Y aparecer con la "nueva", a quien también habrá engañado, ante los amigos como si no pasara nada. Y los "amigos" que ven sufrir a la mujer desvalorizada, la juzgarán a ella por ser demasiado sensible. O haber provocado esta situación. Ante los ojos de las amistades, un dominador se muestra ante todo, víctima y héroe. Su autenticidad de victimario está oculta.

Nunca permitirá que sea ella quien tome la decisión de dejarle. Esto le hace conectar con su auténtica debilidad; su grado de inseguridad. Si la mujer lo deja, dependiendo del grado de violencia interna del dominador, la mujer estará en peligro. 

Una persona dominadora de grado leve, puede estar actuando de manera inconsciente. Condicionada por sus programas emocionales heredados. Incluso tener doble moralidad. Si toma conciencia de sus acciones tiene la posibilidad de corregirlas con ayuda profesional. Aquí es clave la colaboración de su entorno quien puede ayudarle a entender que ese tipo de acciones dañan de verdad. Y por último, su voluntad de mejora por un bien común.

Como mujer y madre de dos hijas deseo la igualdad entre hombres y mujeres. Estamos en una época en la que necesitamos dejar de vernos separados para fomentar relaciones basadas en el respeto y la responsabilidad en cualquier ámbito de nuestras vidas. 

Hoy en día hay que seguir trabajando y pongo énfasis en la base. Es necesario que cada persona tome conciencia de su entorno, de sus comportamientos sexistas, incluso de sus bases heredadas de dominio y sumisión. Formamos parte de una historia familiar y colectiva, donde en cada casa ha habido una mujer luchando por intentar ser ella misma. Donde ha habido abuelos, o tatarabuelos, que han abusado de sus mujeres e incluso de sus sirvientas dejando hijos bastardos. ¿Quién no tiene una historia así?

Los comportamientos se heredan. La epigenética lo demuestra. En nuestras manos está el cambio hacia un beneficio común. Desde el respeto y la responsabilidad. La culpa y el rencor, no tienen sentido cuando se actúa y rectifica en coherencia.



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