Una Habitación Luminosa

Imagen de LUM3N en Pixabay 


 

Entre sábanas de algodón

mi piel huele a lavanda.

Mi cabello húmedo

roza la comisura de mis labios.

Un albornoz blanco 

cubre mi cuerpo desnudo.

Lectura poética en una habitación luminosa.

Alejada del pensamiento 

centro la atención en mi esternón.

Inspiro. Espiro.

Vuelvo a inspirar y suavemente comienzo su lectura.

Despacio, como en un susurro,

surge la música entre sus palabras.

Música que acaricia los sentidos,

eriza la piel,

alimenta el alma.

Palabras nacidas desde el amor,

notas creadas desde el dolor…

Un suspiro eleva mi pecho.

Mis manos desfallecen en el lecho,

y un leve temblor silencia mis labios.

Mi piel huele a lavanda.

Junto a mí,

hay un hueco vacío

en una habitación luminosa.


Evolución en la Prensa

Carlos González, Jefe de cultura de Diario Noticias de Álava, me entrevistó y creó este interesante artículo sobre mi último trabajo reflexi...