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Peñalcázar: Poema de Koldo Garrido


Pueblo antiguo, en la colina yaces,
azotado por el frío, la lluvia y el viento,
de octubre a mayo, gris, triste, nublado,
el valle testigo del eco de tu lamento.

El lóbrego y yerto camino que a ti llega,
cubierta la vista por la bruma espesa,
retazos de vida que en tu cuneta asoman,
y en el rocío del alba apenas se expresan.

Las calles desiertas, heridas de muerte,
las piedras caídas, desolado paisaje,
guarda la hermosura de otros tiempos,
nostálgica imagen de mi viaje.

La torre plantada como el olmo del Duero,
altiva y distante, sin campana, ni gloria,
vigila la frontera, atenta mirada,
línea invisible entre Zaragoza y Soria.

Allí has quedado plantado, desguarnecido,
el suelo cubierto con tejas coloradas
que en otros tiempos, sólidas cubrieron,
los deseos de las gentes esperanzadas.

Se han quedado estancadas las aguas
y un árbol gobierna la olla oscura,
en el que de ladrones y estafadores,
la libertad halló lenta sepultura.

Y allí entre el gris de las caídas piedras,
un pedazo de mi alma apenas he dejado,
que vigila al fuerte viento, que no derribe,
el resto de la vida de un pueblo encantado.

Koldo Garrido Knörk