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Cierro los ojos...


Cierro los ojos.
Tu cuerpo está abrazado al mío.
Su calor acuna al llanto reprimido de mi alma.
Suspirando me dices adiós.
¿Debo llorar?

Abro los ojos y ya no estás.
Punzantes agujas oprimen mi pecho.
Sin aire debo vivir…

Cierro de nuevo los ojos.
Nuestras almas en un abrazo,
fluyendo como río caudaloso en un instante,
crean paisajes de gran belleza;
tiernas miradas imantadas,
sostienen la magia de este encuentro.

Abro los ojos y ya no estás.
El afluente quedó seco.
¿Acaso es la distancia una ilusión?

Cierro los ojos.
Tu mano roza suavemente mi cuello.
Vuelvo a sentirte…
¡Bendita ceguera!