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Cuento: Los manzanos y el nogal


Los manzanos y el nogal


Había una vez un joven nogal plantado en un gran campo de manzanos rebosantes de hermosas y rojas manzanas.
Un día, el joven nogal comenzó a brotar sus nueces. Estas eran pequeñas, marrones y sin brillo aparente en comparación a las manzanas.
Los manzanos, al ver el fruto del nogal se alteraron. ¡Esa fruta no podía servir para nada! Comenzaron a preocuparse excesivamente llegando a presionar al nogal para que cambiara sus nueces por manzanas.
El nogal quería pertenecer al grupo así que se esforzó y se esforzó hasta que fatigado, un día enfermó. Los manzanos  convencidos de que habían  hecho todo lo posible por ayudarlo, continuaron su ciclo olvidándose de él.
Durante dos primaveras su tronco sobrevivió enraizado y alimentado por la tierra. El viento, cada día, agitaba sus ramas para despertarlo. Los pájaros anidaban en él para que no se sintiera solo. La lluvia y la nieve cayeron del cielo directas a sus ramas acariciándole e hidratándole. Así, poco a poco, el nogal fue sintiendo que él era un nogal y no un manzano y por lo tanto sus frutos debían florecer pues de lo contrario su existencia no serviría para nada.
A la tercera primavera sus hojas comenzaron a brotar y sus nueces a salir. Los manzanos volvieron a poner la vista en él preocupados. Pero esta vez él continuó su proceso.
Un día un grupo de personas pasó por allí. Vieron el nogal lleno de nueces y los niños se acercaron a él corriendo. Y contentos se subieron a sus ramas para recoger sus frutos.
-¡Oh qué campo tan bonito!-exclamaron.
-Recojamos manzanas y nueces pues ambos frutos son un alimento muy saludable.


Moraleja: cuando se halla el sentido de la complementación, los conflictos desaparecen.


Cristina Romea