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martes, 26 de septiembre de 2017

Madera y corazón de filántropo

Hoy en día es común reconocer a artistas y gente famosa dedicada a la filantropía. Y en ocasiones sin apuntar tan alto, la vida nos da la oportunidad de conocer a una persona que no solo es filántropa, sino que tiene una materia prima rebosante de humildad, carisma, y bondad. Hemos tenido la suerte de conocer a alguien de ese talante y da la casualidad que ejerce una profesión que no es el objetivo atractivo de muchas personas en nuestra sociedad: es sacerdote.
Al margen de su labor encomendada, el joven padre Xanca  ha desarrollado sus inquietudes formativas adquiriendo conocimientos en un máster relacionado con los procesos de duelo.  Su pasión por ayudar a las personas le encaminó a crear, dentro de su comunidad, una sala de escucha donde cualquiera podía beneficiarse de sus conocimientos y habilidades.
La sala de escucha no era un centro de psicología. Era un espacio destinado a las personas que, en un momento determinado de su vida, necesitaban sentirse escuchadas. El padre Xanca no aportaba consejos. No daba soluciones. Sólo abría su corazón de una manera tan natural que su simple presencia, de donde sigue emanando una paz asombrosa, contagiaba. Y ese abrazo silencioso ayudaba a sentirse mejor a quienes compartían con él ese espacio.
El padre Xanca debe obediencia a la jerarquía de la iglesia, a sus superiores. Hace unos meses, obviando esa labor filantrópica que realizaba, le procuraron un nuevo destino, obligado a dejar su proyecto  inacabado. Hoy le invitan a un retiro forzado, el cual está obligado a cumplir.
En ocasiones la vida coloca un muro ante nuestros ojos sin que podamos comprender  su causa. Y ante su inmensa presencia surge la impotencia  que nos torna pequeños.
El padre Xanca es joven, inquieto y fuerte pero ahora se encuentra ante un muro que le impide seguir adelante con su terapéutico proyecto. Una labor que, de buen saber,  es beneficiosa en todos los niveles.
Quienes le conocemos de verdad tenemos la certeza de que su escucha y presencia es y  seguirá siendo, esté donde esté,  como  la brisa suave de un oasis en un desierto.
Así es Xanca.


Cristina Romea  y Koldo Garrido.